
¿Sabías que en un pequeño archipiélago del Pacífico japonés vive una de las aves más amenazadas de Japón?
Las islas Ogasawara son pequeñas, sí, pero esconden un tesoro inmenso: especies que no existen en ningún otro lugar del mundo. Aquí, la biodiversidad no es solo algo que admirar. Es algo que se investiga, se protege y se intenta salvar cada día.
Hoy te contamos la historia del pinzón de Ogasawara (Chloris kittlitzi), un ave única de la que se estima que quedan apenas 200 ejemplares en libertad.
En 2021 comenzó un reto: conseguir que esta especie se reprodujera bajo cuidado humano. Después de años de intentos, aprendizaje y trabajo en equipo, en 2025 llegó la primera reproducción exitosa.
Y en 2026, una nueva alegría: ¡16 polluelos consiguieron emplumar! Cinco de ellos nacieron de parejas que también habían nacido bajo cuidado humano. Un pequeño gran paso para una especie que todavía tiene un futuro incierto.
Pero ¿es suficiente con criar más ejemplares?
No. También hay que proteger el lugar donde viven, recuperar su hábitat y hacer frente a las amenazas que ponen en peligro su supervivencia. Porque conservar una especie es mucho más que evitar su desaparición. Es cuidar todo lo que hace posible su existencia. Ogasawara nos recuerda que incluso en unas islas pequeñas puede estar en juego una parte irremplazable de la biodiversidad del planeta.
Y tú, ¿conocías esta historia?
Porque para proteger la naturaleza, primero tenemos que descubrirla.












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