
Okinoerabu es una isla en la que la mayor parte es de arrecifes de coral subido del nivel del mar. Con la consecuencia de su formación geológica, esta isla es casi plana y eso se nota al aterrizar. Es una isla cualquiera a simple vista, pero ésta esconde una sorpresa a dentro, sus cuevas. Debajo de la tierra de ésta isla, hay unas 300 cuevas, incluyendo de pequeño a gran tamaño, por eso la llaman “mecca de caving” entre los aficionados (Okinoerabujima Caving Guide Union / The Okinoerabujima Caving Association). Una vez que aterrizamos en el avión, alquilemos un coche y recorremos por la isla.

Primero visitamos la cueva más grande de la isla, Shouryūdou(昇竜洞). La colada, flowstone, de esta cueva es como una galería de esculturas hechas en la roca caliza. Se tardó miles de años en completarse contando con unos 3,500 metros de longitud total y solamente podemos observar 600 metros. Caminando en el interior de la cueva, uno se acordará de aquella Cripta de Colonia Güell de Gaudí. Después de visitar la galería de cueva, arrancamos hacia el siguiente punto, el cabo Tamina(田皆岬). Cuando caminamos hacia la punta, podemos gozar del arte de las formas del relieve en zona de “karst”. Al llegar la punta, se abre la vista panorámica del acantilado que daba al mar.

La galería de esculturas y las obras de karst, ahora llegamos a la cueva de “al revés”, ó sea, la cueva que observamos desde arriba, la Fucha. Esta cueva se ha formado por la erosión del viento y las olas del mar estallado contra paredes de roca como si tuviéramos la ilusión de estar dentro del escenario de la película de tres dimensiones. Dicen que la gente de la isla producía sal con el agua salada que soplaba hacia cielo y caía encima en el hueco de la roca.


Pues, nada más apreciamos cada paisaje que está enfrente de nosotros, pero con otra perspectiva, o como el escritor francés Marcel Prousto dice “nuevos ojos”, podemos descubrir algo más de lo que estamos viendo. “The real voyage of discovery consists not in seeking new landscapes but in having new eyes.” Una isla como Okinoerabu, quizás, espera al que busca una exploración al interior tanto de la tierra como de sí mismo, recorriendo sin prisa, con una especia de la vida que se llama “curiosidad”. Por cierto, no podemos dejar de mencionar que Okinoerabu es parte del Archipélago Amami, Amamiguntō que es el último parque nacional de Japón hasta ahora, el numero 34, junto a otras islas como Amamiōshima, Kakeromajima, Ukejima, Yoroshima, Kikaijima, Tokunoshima y Yoronjima.